AUTOCONOCIMIENTO

Aprender a Recibir para Poder Dar

Cuando nacemos, entramos a la vida en completa indefensión, dependemos de un otro que nos garantice la sobrevivencia. La madre, o quien haya cumplido las funciones de cuidado, se encargó de nuestro alimento, nuestro calor, nuestra seguridad; así, por muchos años durante nuestras primeras etapas de vida… si tomamos esto como metáfora, podemos reconocer que la existencia nos hace una primera invitación a recibir, a confiar en la provisión, y a entregarnos a una fuente de amor que de alguna manera nos cuida y nos considera importantes… muchas veces nos desconectamos de esa principio de amor y empezamos a sobrevivir más que a vivir; sin darnos cuenta, nos ubicamos en la vergüenza, en el miedo y en la sensación de abandono, antes que en el principio de vida, abundancia y plenitud.

La existencia nos invita a recibir

Puede que muchas circunstancias hayan sido desafiantes cuando más vulnerables éramos, también es cierto que la vida se nos abre a través de un canal humano, con su respectiva historia, sus dolores y sus desaciertos, pero también es cierto que la vida es un milagro y hoy estamos aquí porque alguien cuidó de nosotros… ¿crees en la bondad de la vida? ¿Reconoces que también es posible lo bello? ¿Te sientes hija del “pecado original” o del amor original?… pues, quien se siente fruto de un pecado, inconscientemente buscará castigo a través de la queja, la inacción, la victimización, la autodestrucción; y quien se siente fruto del amor, habitará con confianza y tomará la vida siendo coherente con sus actos, sus decisiones, sus vínculos, y su disposición para escribir una historia propia cada día…quien se siente fruto del amor, cuestiona…

La bondad de la vida

Se siente más liberador el amor, ¿verdad?; entonces recíbelo. Construye con voluntad, y siembra un nuevo sendero hoy desde tus pequeños actos, cultivando para ti coherencia, dulzura y respeto, pues desde aquello que decides por ti, impactas en la memoria de quienes estuvieron antes y siembras intención para quienes estarán después.

Luz Aneira